lunes, noviembre 28, 2005

me doy cuenta
que ya terminé de cumplir uno de los más grandes proyectos de mi vida:
acabar una novela que me demoró escribir cerca de tres años.
Durante el proceso escribí otra, más corta, que pienso corregir.
El siguiente gran proyecto de mi vida
consiste en ver una película que descubrí hace poco más de una semana en el canal 73,
se llama "Beat: crónicas malditas".
Esta es una película que trata de la relación del escritor William Burroughs con su esposa Joan Volmer.
Lo gracioso es que estos personajes son interpretados
por Kiefer Sutherland y Courtney Love.
En la guía de cable puedo ver las horas en que van a pasar la película:
-Jue. 1, 05:15 hrs.
-Lun. 5, 02:30 hrs.
-Mié. 21, 04:45 hrs.
-Sáb 31, 04:15 hrs.
Lo hacen difícil,
encima la película es mala.
La escena de Guillermo Tell es terrible.
Demasiado dramática.
Nada como la versión de Cronenberg de "El almuerzo desnudo".
Nada.

sábado, noviembre 26, 2005

maldita pelotita

mi pelotita ni rebota mucho
y corre menos que la tuya
es un problema porque
nunca sabes con seguridad
dónde es que va a caer la pelotita.
Puedes agarrarla una vez
pero nunca sabes dónde va a caer.

miércoles, noviembre 23, 2005

Pierre: "esto es lo más gay que he leído en mi vida"

Pierre, ya no me dejas testimonio en el hi5
ya ni siquiera me dices hola por el messenger...
Ya no vamos de la mano por la avenida aviación
soñando con estrellas doradas en el firmamento electrónico.
Ya ni siquiera hablamos
de la última película de Star War
en donde el joven Anakin Skywalker es un sexy brazo-de-robot
y mientras comemos nuestro menú de cinco soles
de un mismo plato
nos miramos a los ojos y te digo:
- Pierre, ya no me dejas testimonio en el hi5.
Ya ni siquiera me cuentas nada
ni me dices:
- Oye Gonzalo, toma esto de regalo.
Y todas las horas del día que te dedico
y te lavo la ropa.
Ya ni siquiera me llevas al cine,
ni me hablas de Star War.
Ya estoy harto de que mires chicas por televisión...
Sí, sí, sí
siempre las ves,
y te brillan esos ojos
de marica en decadencia.
Y empiezo a llorar.
Ya, ya, ya
ya no me digas nada.
Nada, nada, nada
si no me dejas testimonio en el hi5

lunes, noviembre 21, 2005

(oh dios cuánta gente muerta he visto hoy
caminando por la ciudad,
balanceándose junto al mar de lima)

sábado, noviembre 19, 2005

los idiotas

encontré una sinrazón dispuesta a decapitarme
y a no dejarme sólo después de meses de abandono.
Entre mayo y junio conocí a una chica
que pretende ser mi amiga y mi prima y mi hermana
con tal de dejarla en paz. Entre una y otra cosa
sólo puedo decirles que he aprendido algunas lecciones
- que existen dos clases de idiota:
los idiotas que prestan libros
y los idiotas que pierden los libros que les prestan
- que en las relaciones existen dos clases de idiota:
los idiotas que sufren
y los idiotas que se aburren.
Yo ya sufrí como un idiota, e incluso en estos tiempos
todavía tengo sueños en los que pienso que estoy
entre mayo y junio
intacto
como si no hubieran pasado tantos meses

miércoles, noviembre 16, 2005

16/11

Sucedió que estaba sentado en la puerta de aquella asquerosa universidad,
cuando una chica vino y siguió con lo mismo.
Hablo de un par de cosas,
me pidió prestada una hoja de papel
y se marchó.
Era una chica que no conocía.
Yo prendí mi radio
y me puse a escuchar una canción de We all together
que no escuchaba hace tiempo
y que me hacía recordar a alguien en especial.
Miré el cielo
entre pálido y confundido,
con mi cabello sucio y un enorme barro
a la altura derecha de mi boca.
Luego volvió aquella chica
y siguió con lo mismo.
Yo no esperaba conversar con ella,
pero la chica me devolvió el papel y siguió hablando.
Era una chica delgada
de cabello corto.
Llevaba un saco gris a cuadros
y en conjunto
daba un aspecto en particular.
Ella dijo que no sabía,
que no le importaba,
que en el fondo sólo se quería marchar.
Yo la miré
con mis anteojos de resina photogray,
que con la luz del día se oscurecen hasta lo más hondo.
Entonces pensé que algo raro pasaba,
porque últimamente sólo se me acercan chicas así.
Siempre dicen que no saben,
que no les importa,
que en fondo sólo se quieren marchar.
Porque dicen que algo en este mundo las espanta.
Son siempre chicas con un especial sentido del humor,
y me buscan como si en la frente
tuviera escritos mis poemas.
No entienden que tanto da al cántaro al agua,
que se rompe.

jueves, noviembre 10, 2005

¿Se nota que ya no tengo nada qué escribir?

Grey´s Anatomy es una serie que han empezado a dar hoy en Sony.
Trata acerca de una practicante de medicina
a la que nadie toma en serio porque está muy buena.
Gray´s Anatomy, en cambio, es un libro sobre anatomía y es considerada "la biblia de los libros de anatomía",
en donde escasamente trata la anatomía del clítoris en los textos e ilustraciones.
(La incompleta información tratada en Gray´s Anatomy es copiada palabra por palabra
en textos posteriores, y con el tiempo se han ganado pocos conocimientos nuevos
con respecto al clítoris.
La razón de esto es que nuestra sociedad en conjunto la ha estimado inapropiada e innecesaria,
ya que el clítoris no sirve para nada, según el pensamiento freudiano.)

miércoles, noviembre 09, 2005

¿Y qué quiere decir esto?

formaba señales de humo
en algún lugar de la ciudad
esperando que llegaras
formaba señales de humo
esperándote
y tú no me mirabas
nada más ibas de un lugar a otro
yo formaba señales de humo
hasta que me cansé de eso
y dieron alguna película ya vista por televisión
así que me fui.

lunes, noviembre 07, 2005

me he dado cuenta que debo mantener la boca cerrada con respecto a mi última novela. y que debo retomar la anterior, "El Salmon", y que debo empezar otra que se va a llamar "Tuyo siempre", que terminará así:
- Algo va a quedar adentro tuyo siempre.
- No.
y que tengo que dejar de ser tan autobiográfico.

miércoles, noviembre 02, 2005


40. Catalepsia
Mario: Tengo la extraña sensación de que todo ha terminado cuando bajo del taxi que me lleva hasta la zona más alejada de La Planicie, y diviso la casa residencial de El Vendedor a no menos de una cuadra por esa pendiente, que me lleva hasta arriba, a una zona en la que ni siquiera hay asfalto. Toco el timbre y no se apura en abrir nadie. Cómo estás loco, me pregunta El Vendedor apenas abre la puerta de su casa. Bien, loco, le respondo, estoy por emprender un viaje. Te entiendo, dice El Vendedor, que hoy en particular está más flaco de lo habitual, más flaco que la última vez. Ayer me pegué un trip alucinante, dice, con un blue bird que me regaló un amigo. Me quedé viendo los Teletubbies, ésos muñecos son un ácido. Y después me tomé otro porque me iba a una fiesta de Halloween, pero me quedé viendo los Teletubbies y al final no hice nada.
Estamos en una de las habitaciones de su casa que da a un patio por donde hay una piscina y el piso es de piedra. Lo bueno de estar aquí esta mañana es que hace sol y por la ventana de la casa de El Vendedor todo se ve mucho mejor. No, le digo después de un rato, yo me refería a que me voy de viaje, ya sabes, por tierra... El vendedor abre una de las puertas de su armario y saca un maletín con bolsas llenas de una marihuana brillante. Saca dos palos grandes y empieza a cortarlos con una tijera.
Ah ya, ¿y te piensas llevar toda esta marihuana contigo?. Sí, la voy a vender por allá, le digo. ¿Dónde?. En Cuzco, le digo. El Vendedor asiente. Sí, Cuzco, sí... Excelente negocio, dice, y en seguida: mucho dinero. Grandes probabilidades de éxito. Mucho consumidor y muchos gringos locos por doquier. Mucho cuidado con la policía, con las epidemias y las ETS`s, mucho cuidado con el SIDA. Y yo no sé por qué El Vendedor me dice todas éstas cosas aquí, en su casa, en La Planicie, y me pregunto si se habrá metido más éxtasis hoy. Después de un rato, El Vendedor ha terminado de pesar los veinte dólares de marihuana que le voy a comprar y que voy a llevar a Cuzco.
El Vendedor levanta su cabeza y me mira con sus anteojos de sol Oakley. No me dice nada. Saca algo de otro cajón en donde guarda, creo, su ropa interior, y tira sobre la cama una bolsa llena de cocaína brillante. ¿No te quieres llevar esto?, me pregunta. Cojo la bolsa y la miro. El Vendedor la abre. Prende la televisión y se sienta. Retrocede en su VHS una cinta que tenía antes grabado videos musicales pero que ahora tiene grabado más Teletubbies.
El Vendedor hace una línea, la aspira, y durante largo rato mira el televisor con cuidado. Afuera, el sol quema la piscina y desde allí veo el agua evaporarse con el mediodía. Espérate un rato, ya vengo, me dice, y sale de su cuarto y se va. Y yo me quedo sólo con los veinte dólares de marihuana envuelta en papel platino todavía sin pagar, y con la bolsa transparente llena de cocaína por la cual resbala un polvo cristalino como si sangrara. Y cuando la toco percibo su sabor con los dedos. No puedo evitarlo y guardo la hierba y la cocaína en mi mochila.
Cuando salgo ya estoy casi en el jardín, y El Vendedor está parado en la puerta sujetando un bate de baseball. No hay nadie alrededor suyo y no hay nadie tampoco en su casa. Por lo que sé, El Vendedor no vive solo, y me pregunto qué le habrá pasado a los demás y por qué sujeta ese bate de baseball.
Aquí están tus veinte dólares, le digo. ¿Ya te vas?, me pregunta El Vendedor. Sí, ya me tengo que ir. El Vendedor y yo nos damos la mano, él me acompaña a la puerta y se despide de mí cuando ha aclarado un par de asuntos con respecto a los Teletubbies que tenía que aclarar:
Dipsy es el verde limón, el más chiquito. Laa-laa es el amarillo, aunque ninguno tiene sexo, creo que el amarillo siempre es el más femenino. Luego está Poo, el rojo, con el que me siento más identificado. Siempre he pensado que Poo es el más importante del grupo. Finalmente está Tinky Winky, el que supuestamente es gay, sólo porque tiene un triángulo invertido en la cabeza y es completamente lila, y usa de vez en cuando una carterita roja. Pues a mí me parece que no, que ninguno es gay, porque los Teletubbies no tiene esa malicia. Al menos, yo no percibo esa malicia en ellos.
Se queda callado un rato y en seguida dice: yo pienso que todos son, por igual, bisexuales...
Droguerto: Estamos Paty, Miguel y yo en un círculo vicioso de miradas repletas de deseos reprimidos y odio. Paty se deja llevar por lo que cada uno dice mientras escuchamos canciones inéditas de Andrés Calamaro que ya nadie escucha. Finalmente, Paty se pone a cantar una canción llamada “El tilín del corazón”, echada sobre la cama con su cuerpo de diecinueve años estirado y enredado entre sábanas celestes que Miguel no se animó a tender esta mañana. Y yo la miro. Su cuerpo es delgado y tiene la forma de las mujeres bellas. Es decir: un par de tetas abultadas a la altura del pecho, las piernas largas y depiladas, y un par de caderas para morirse. Por eso Miguel y yo la vemos cantar borracha “Una casa con diez pinos” mientras sus ojos, alegres por la droga, miran el techo.
Después de un rato, en el que Miguel y yo nos reímos y compartimos un mismo vaso de cerveza, me echo en la cama y me estiro junto a Paty tratando de no hacer ruido ni de llamar mucho la atención.. Miguel hace lo mismo. Paty finge estar dormida, y mientras en la computadora de Miguel siguen corriendo las canciones (“La ranchada de los paraguayos”, “How deep is your love”, “Brian Bachicha”, etc...) Miguel y yo abrazamos a Paty y empezamos a jugar un juego.
Cuando Paty abre los ojos es para sacarse la casaca sport que llevaba consigo esta noche. Dice en susurros que hoy es 31 de octubre, la fiesta de la fertilidad por excelencia, el “Beltane”, el más popular de los sabbats. Una costumbre olvidada en el hemisferio sur. Y yo no sé para qué dice esto, sólo me dedico a exteriorizar mis deseos más reprimidos, mientras Paty se va quitando su blusa y Miguel le besa la boca. Siento varios minutos de incomodidad, distanciamiento mental con la situación, y es cuando meto mis dedos debajo de la falda de Paty. Ella parece cómoda y la noto algo húmeda. Miguel ahora trabaja mordiendo sus tetas y yo, después de bajarle los calzones, la lamo con placer.
Luego nos turnamos para tirar y para fumar los wiros que nos quedan. Había algo de vodka y mientras yo lo hacía con ella, me dio por bañarla con licor y lamerla y la cama de Miguel terminó realmente jodida. Cuando todos terminamos de hacerlo, decidimos comer algo y Paty se mete a la ducha.
Mientras cocinamos huevos fritos con arroz, Miguel viene y me dice en secreto: puta, huevón, felizmente no era virgen. Y yo me quedo pensando en eso un rato y después le digo: estás creyendo que es virgen. Cuando Paty sale de la ducha está desnuda y se le ve realmente hermosa. Luego miro a Miguel mientras sonríe, y me veo en el espejo. Los tres dormimos en la sala y cuando me despierto, al amanecer, me pongo a pensar en que estamos locos. Miguel y yo, tarde o temprano, vamos a terminar matándonos por Paty. Así que cuando pienso esto, recojo mis cosas y me voy.
Lili: Mario dice que se va. Me pide que lo acompañe. Yo no le digo nada: ni sí, ni no. Me cuenta que ha tomado la pensión de su universidad y que con eso nos bastará para vivir bien algunas semanas. Sé que él espera a que yo diga algo, que tome algún partido, pero no lo hago. Tal vez mi opinión pueda trascender en el tiempo y en la estupidez que está a punto de cometer. Así que dejo que se equivoque y prendo la televisión y veo alguna película en TNT.
Carolina dos: Así que es verdad. ¿Se fue?, pregunta mi amiga. Estamos tomando una gaseosa a medias en la cafetería. Yo pido una hamburguesa y mi amiga también. Eso parece, le digo. Pucha, qué fácil se la lleva ese huevón, dice mi amiga. No creo que sea muy fácil, le digo. Siempre lo tratas de justificar, dice mi amiga. Llegan las hamburguesas y nos apuramos en comer. Debe ser difícil para él también, ¿no crees?. Sí, sí, sí, dice mi amiga, tan difícil como armarse otro porro. Por favor, ¿no te das cuenta que Mario es un vago y un pastrulo? Más bien, hay que ir cambiando de tema, dice. Le damos unos mordiscos a las hamburguesas y continuamos conversando. No quiero cambiar de tema, le digo. Está bien, dice mi amiga, ¿qué te dijo la última vez que hablaste con él?. No me dijo nada, siento que hablo con una profunda tristeza, lo vi hablar con su prima y se fue. ¿No te dijo nada?. Sí, me dijo muchas cosas. Me dijo que tenía miedo y que se sentía mal. Lo mandaste a la mierda, espero. Niego con la cabeza. ¿Por qué no?. Lo que voy a decir se me atora en la garganta, agacho el tórax y siento que llega hasta el piso. No sé, es que se le veía tan guapo...
Mario: La espero en la central de autobuses interprovinciales que hay en la Javier Prado. Se hace de noche demasiado rápido encima mío y cargo mi mochila sin un solo recuerdo mientras pasan pensamientos horribles por mi cabeza.
Como siempre, los boletos dicen una hora y el autobús sale en otra. Así que la puerta del autobús se abre y yo soy el último en subir. La mayoría de gente que viaja son turistas o limeños en época de vacaciones. Dudo que alguien esté en la misma situación que yo. La llamo por teléfono y mientras el celular timbra yo estoy muy nervioso y pienso en demasiadas cosas a la vez. El celular no contesta. Después de unas cuatro llamadas, el celular parece apagado.
Así que me subo al autobús con la mochila en un hombro y miro por última vez la ciudad terrible, mientras que en la Javier Prado un millón de automóviles se apresuran en llegar a algún lado. Y pienso otra vez en la terrible situación que me esperaría aquí si no me fuera, y pienso de nuevo en mi familia, en mis amigos, en mi prima Carolina. Y pienso otra vez en la coca que le encargué traer a Lili. Pienso sobre todo en la coca.

Fin.

martes, noviembre 01, 2005


39.
De los 80`s paso a los 90´s. Indiscutibles Nirvana y Oasis.
Escucho el “Nevermind” mientras me lavo la cara y orino en el baño de la universidad. Ya casi es de noche, y por alguna extraña razón (tal vez debido a la luz blanca del baño y la luz blanca de los salones de Quarck a los que nunca entro) noto mi piel roja, muy roja, y me limito a tocarme la cara. Mi pelo está abultado y desordenado y la gente en el baño se toca y se cuentan chistes homosexuales por igual.
Cuando me he percatado de la luz blanca del baño y de que por la ventana abierta está a punto de anochecer, me interrumpe un grabado en la pared mientras orino encerrado en un cubículo.
Salgo de allí hecho un bólido. Por los audífonos de mi discman se escucha el irritante sonido de algunas de las mejores canciones del “Nevermind”.
Me cruzo con Carolina y ella me dice:
- Hoy te ves más decadente de lo habitual.
- Será que no me baño hace días.
Carolina me mira con reproche.
Ya se ha hecho de noche en la universidad y los árboles intactos parecen cada vez más verdes y más vivos. A nuestro costado, las ventanas-espejo de la biblioteca no reflejan ya nada, y nos dejan ver lo que hay en su interior.
- ¿Sabías que te pareces a Helen Hunt?
- Otra vez estás hablando huevadas...
- No todos tenemos la misma suerte -le digo, mientras caminamos por el pavimento frío. Carolina hace como que no me mira, como que no le toma interés a lo que digo.- Algunos escritores dedican su tiempo libre a enseñar literatura en grandes universidades, otros sólo juegan Winning Eleven, amargos de que siempre les ganen. El caso es que algunos escritores ni siquiera pueden escribir, y hay mucha diferencia entre los que fuman puros y los que fuman tronchos...
Carolina me mira. Por su cara me acuerdo de algo que he leido escrito en la pared del baño: no te guardo rencor, conchetumadre.
- Hoy me crucé con tu prima en la puerta de la universidad.
- ¿En serio? -No puedo evitarlo y hago una mueca de dolor con mi cara.
- Estaba con su enamorado.
Asiento sistemáticamente. Otra cosa que leí escrito en la pared del baño: me acosté con tu prima.
- Vaya. Sí que te cambió la cara.
- ¿Quieres hacerme sentir mal?
- Escucha, Carolina -le digo, después de un rato-. Sé que estás molesta conmigo y quiero hacer las paces. Estoy por dejarlo todo, de irme lejos, y tengo miedo de estar por cagarla otra vez.
Carolina me mira.
- ¿Te acuerdas cuando te conté que Miguel se tiró por su ventana?
- No.
- Fue el verano pasado. Estábamos tomando en aquella reunión de Miguel. Habían algunas chicas y nosotros estábamos felices. Miguel le daba al whisky. Luego de un rato ya se había hecho tarde, y Miguel estaba sentado al borde de su ventana, vive en un segundo piso, y la cosa es que Miguel miraba la calle cuando dice que en su borrachera una voz le susurró en su oído: tírate por la ventana, ahí está la respuesta. Y Miguel se tiró. Y mientras lo hacía (durante el microsegundo en que duró la voz) supo que era cierto y que estaba haciendo lo correcto. Que lo correcto era tirarse por la ventana porque se lo había dicho la voz, y esa voz es la misma voz que escuchamos cuando escribimos y es la misma voz que nos habla mientras estamos dormidos. Así que tenemos la certeza de estar haciendo lo correcto, pero cuando lo hemos hecho nos damos cuenta que ya estamos en el piso, que nos hemos tirado sobre un carro, y suena la alarma del carro, y cuando nos ponemos de pié recordamos que nos hemos tirado y nos duele mucho tórax. Y cuando volvemos a la reunión, todos te miran con esa cara de desconcierto tan característica en los humanos. En los humanos que no entienden que, pobre de nosotros, le hacemos caso a esas voces, porque es la voz que escuchamos cuando escribimos y es la voz que nos habla mientras estamos dormidos.
- Ni si quiera sé quién es Miguel.
- Es que Carolina, no has entendido nada.
- Entender qué, ¿qué es lo que quieres decir?
- Que me estoy tirando por esa ventana y que tengo miedo.
- Miedo de qué. ¡Si lo tienes todo en esta vida! Que te lo gastes en drogas que te cagan la salud porque eres un niño mimado que necesita control no es asunto de nadie, sólo es asunto tuyo. Ojalá algún día despiertes de tu sueño de escritor en decadencia y veas cómo realmente eres.
- ¿Despeinado y con los dientes amarillos?
- Sí, pero veinte años más viejo y con aspecto de anciano.
- Estás siendo cruel.
- ¿Quieres analizar quién ha sido más cruel con quién?
Pasan unos minutos en completo silencio.
- Sólo quiero contarte que me voy a Cuzco por un tiempo.
- Pues que te vaya bien en Cuzco.
Carolina me mira a los ojos.
- También quería contarte que tengo un poco de miedo.
- ¡Miedo! ¿Sabes qué? Ya no te creo nada.
Después de un rato, dice:
- Siempre andas diciendo cosas.
Hoy es un gran día, hoy voy a terminar mi novela.

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Fuego

Andrés Calamaro y Los intoxicados

Esta vez es en serio, no estoy mintiendo
algo se prende fuego
sé que muchas veces dije que el lobo venía
pero esta vez el lobo está acá
Se prende fuego, mi pelo, mi piano
mis discos, la ropa y el perro
puede ser que otra vez no sea cierto
pero siento como el fuego me quema por dentro
Esta vez es en serio
Dame un balde de agua o de arena
o pasame el matafuego
que el incendio está cerca
y no voy a quemarme sin antes pelear
Fuego, fuego, fuego, fuego
estamos enfermos
fuego, fuego
estamos enfermos
perdonennos, perdonennos.